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Borges y Saramago: La creación en duelo con la muerte

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  • ComunicanteComunicanteComunicanteVIERNES 12 DE JUNIO DE 2015 SUPLEMENTO CULTURAL 33

    El ltimo momento con don Luis

    En el principio, la pelcula "Los olvidados" no gust a los

    mexicanos ultranacionalistas,pues retrataba la realidad de pobreza y miseria suburbana

    1984, El Gran Hermano te vigilaQuien controla el pasado deca el slogan del Partido-, controla el futuro.Quien tiene potestad sobre el presente, la tiene sobre el pasado.A 66 aos de su publicacin.

    Jos de la Colina Pg. 7 Juan L. Simental Pg. 8

    Borges y Saramago:La creacin en duelo con la muerte

    Con sus obras, Jorge Luis Borges y Jos Saramago dan ejemplo de la falsedad del prejuicio que limita a la senectud y a la enfermedad al mbito de la muerte; ni la ceguera ni la vejez

    fueron un obstculo para lograr un lugar en la historia universal de la literatura.

    Por: Adrin Meraz Pgs: 4, 5 y 6

  • Editor / Ricardo Bonilla Diseo / Grupo Editorial HADEC

    2

    VIERNES 12 DE JUNIO DE 2015

    Fernando Pessoa escriba poesa, pero no escriba su propia poesa, sino la de diversos autores ficticios, diferentes en estilo, modos y voz. Public con varios heternimos de los cuales los ms importantes son Alberto Caeiro, lvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis, e incluso public crticas contra sus propias obras, firmadas por sus heternimos. (Naci el 13 de junio de 1888, en Lisboa, Portugal. Wikipedia).

    La ceguera no es oscuridad

    (Muri el 14 de junio de 1986).

    Somos nuestra memoria,somos ese quimrico museo de formas inconstantes, ese montn de espejos rotos, Jorge Luis Borges

    Borges era apenas un nio, en siete contaba sus aos cuando escribi La visera fatal. Ms tarde, aunque no tanto, tradujo El prncipe feliz, de Oscar Wilde. En esa poca inici la educa-cin formal y el trauma que esto le caus le acompa una buena parte de su joven exis-tencia; ser un infante que lo saba todo le atrajo el escarnio de nios que eran como cual-quiera, menos como l.

    La historia de Borges fue abun-dantemente bendecida por las palabras: palabras que nacieron eruditas y palabras de esas que se dicen en la calle y que, igual que aman, odian a muerte; palabras con las que se dicen las verdades y palabras con las que se miente por misericordia o con saa. Bor-ges am tanto a las palabras que, incluso, invent las que no haba para que con ellas se dijera de los libros que solo existieron en su mente pero quin lo puede

    asegurar? Borges mismo dijo que Borges no existi, sino que era solo el personaje.Sin embargo, apenas a la mitad de su vida la luz comenz a rsele de a poco. Borges, que haba dicho: hay quien se siente orgulloso de los libros que ha escrito; yo me siento orgulloso de los libros que he ledo, supo entonces que haba un infierno peor que el infierno de Dante: la ceguera. A pesar de ello, l mismo des-

    mitific el peso de las sombras: la ceguera no es oscuridad, dijo, y luego remat: ser ciego es como no serlo.El ngel de la melancola y la peor de las aoranzas: extraar lo que jams sucedi. Esa fue, quiz, la pena ltima de Borges: los libros que se le apagaron antes de tiempo y la nostalgia que se mide en ausencias. A veces, para ser feliz, basta el ms pequeo de los destellos de la luz. Borges lo supo.

    Noms por hablar de algoLa Efemride

    El 12 de junio es el Da Mundial contra el Trabajo Infantil. Segn las estimaciones mundiales ms recientes, unos 120 millones de nios de cinco a 14 aos de edad estn en situacin de trabajo infantil; los nios de ambos sexos son afectados casi por igual. La persistencia del trabajo infantil tiene sus races en la pobreza, la falta de trabajo decente para los adultos, la falta de proteccin social y la incapacidad para asegurar la asistencia de los nios a la escuela hasta la edad mnima legal de admisin al empleo.

  • VIERNES 12 DE JUNIO DE 2015

    3

    Nadia Bracho

    Y en el quinto da y dos cuartos Dios cre a los ratones

    Satn y Seda

    -Mam, ayer vi un ratn dijo la nia como si se tratara de un asunto de la menor importancia. Yo segu con mi rutina: partir la carne en

    pedazos pequeos, ponerle salsa ctsup so-bre la misma, cuidando de formar una carita feliz; quitar la cebolla y hacerla a un lado momento, dijo: un ratn!

    Mi mente divag un poco, como desme-nuzando la idea, pero no quise hacer dema-siado caso.

    -Mam, el ratn que vi estaba aqu abajo en los cereales dijo al tiempo que sealaba con la cuchara. Yo ni me inmut y conserv mi postura, sin moverme un pice de la si-lla. Segu ahora con las zanahorias. Un ra-tn? Segu con esa idea que me molestaba un ratn, aqu en los cereales?

    De pronto todo estaba claro. Mis ojos se abrieron por lo que entr ms luz por mi retina, al mismo tiempo que mis cuer-das vocales se prepa-raban para dejar salir el grito ms desga-rrador de la cuadra.

    -Un ratn! Aqu en mi cocina! En mis cereales! Por Dios, auxilio! grit e instintivamente brinqu arriba de la silla buscando por los rincones al innombrable monstruo.

    -Eso te decamos desde hace mucho dijo uno de los hijos que ni siquiera se tom la molestia de interrumpir su bocado.

    -Est bien, hay que tomarlo con calma -dije a los nios.

    -No se asusten, esto se tiene que solucionar. Por lo pronto, vayan a la cama y tpense hasta arriba hasta

    -Un ratn! Aqu en mi cocina!Con mis cereales! Por Dios, auxilio!

    que yo les diga-Mam, son las tres de la tarde, ya nos va-

    mos a ir a dormir? -la protesta sonaba lgica y el nico argumento que tena a la mano era que en China eran aproxima-damente las diez de la noche, pero estaba segu-ra que aunque les pusiera kimono de pijama, no se iban a dormir.

    -Por hoy les voy a dar esta concesin y tomar en cuenta sus peticio-nes -y con un ademn los dej levantarse, ha-ciendo caso omiso de las caras de: no es posi-ble! Qu hicimos para tener este karma.

    Las horas transcurrieron y no escuch movimiento alguno. Cansada de la espera, me baj de la silla y deposit a un lado el plume-ro para limpiar los candiles, cuando Claro que era un ruido!

    Sordo, quedo, pero ruido al fin. Me acer-qu con sigilo y, para cerciorarme de que no eran los latidos de mi corazn, el cual senta en la garganta, lanc un tenedor hacia el lugar del ruido, y... era gris!, gris rata para ser ms exacto. Sus orejas estaban paradas, alertas, y se movan en diferentes direcciones; las patas delanteras eran cor-

    tas, pero las traseras estaban gordas y pe-ludas, cansadas quiz de sostener una larga cola, largusima, grue-sa y negra.

    Esa osada le iba a costar muy caro, y an-tes de que ese semejan-te pterodctilo roedor fijara su residencia en

    los gabinetes de la cocina, iba a conocerme. Al da siguiente lo primero que compr fue no una, sino 11 trampas!, con pegamento (y no precisamente para que se depilara las piernas). Eleg para eso las ms grandes, las ms pegajosas y ms venenosas. Despus las dispuse en el piso de tal manera que cual-quier campo minado se hubiera visto como un simple huerto de hortalizas. Ah esper a que mi venganza se llevara a cabo.

    Mi venganza? Cmo no! La rata esta-ba carcajendose a sus anchas, ya que las

    trampas solo le sirvieron para jugar domin y seguir disfrutando del buffet de cereales que tena a la mano. La im-potencia se apoderaba de mi persona

    por lo que llam al exterminador de plagas.

    -Tengo una rata! -grit de inmediato en cuanto descolg el telfono.

    -Perdn, est usted llamando al exter-minador Nunca volvern. Con quin de-sea hablar? - respondi una seorita muy profesional.

    -Con el que mata las ratas. Es una emergencia le respond apurada.

    -Ya veo, desde cundo tiene el problema? -Tiene seis horas y 14 minutos-Cuntas ratas ha visto?-Una, y es grande.-Cree usted que vaya a anidar?-No s intimidades, pero sobre mi ca-

    dver, seorita!-Disculpe, pero solo matamos por de-

    cenas. Lo que recomendamos es comprar unas bombas con veneno; con una lata chi-ca es suficiente. Buen da

    No esper a discutir con nadie ni siquiera con mi conciencia. Me fui de inmediato y ped tres grandes, tamao jumbo para una bodega de 16 metros por ocho de dimetro. Y esa noche co-menc mi plan: sell las puertas, depo-sit las bombas y despus de tres gritos de: muere, rata inmunda!, el veneno comenz a hacer efecto... pero en mi persona: la picazn de ojos me impeda subir la escalera y despus una tos es-pantosa no me dejaba respirar.

    Como pude sal a la calle y llam pi-diendo ayuda (eso crea, pero no sala nada de mi boca). Una vecina reconoci mi bulto (yo estaba agachada tratando de respirar) y en un santiamn estaba en Urgencias.

    Tiene usted ratones?... Y?! Qu tanto son unos simples ratoncitos. A pesar de muchas teoras, todos somos criaturas del universo y, por lo tanto, tambin hijos de Dios.

    Antes de que semejante pterodctilo roedor fijara su residencia

    en los gabinetes de la cocina, iba a conocerme

    All estaba la bestia, ese animal como llegado de

    la era cuaternaria

  • 4VIERNES 12 DE JUNIO DE 2015

    Borges y Saramago: La creacin en duelo con la muerte

    Pocas ideas asustan tanto a nues-tra todopoderosa cultura como lo son la vejez y la enfermedad, basta que nos asomemos un poco al mundo de la publicidad y veremos que junto a la obesidad y la fealdad es-ttica, la senescencia y la enfermedad son los temibles jinetes del Apocalip-sis que a toda costa hay que desterrar de nuestro moderno mundo.

    En l, es poco menos que incon-cebible imaginar que estos demonios puedan ser el principio de algo bello, de algo que desafe la norma de los cuerpos perfectos y las mentalida-des pueriles, as, el imperativo de ser bello, joven y sano se impone como condicin primaria para todo acto hu-mano, sin estas cualidades, el triunfo se vislumbra lejano o inaccesible, sin estos requisitos se dice- no podemos siquiera imaginar una posicin res-petable en este mundo.

    Cosa curiosa,