platón eutidemo

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  • EUTIDEMO

    PLATN

  • Platn

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  • Eutidemo

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    INTRODUCCIN

    Naturaleza y Contenido del Dilogo:

    Los designios de la fama parecen haber sido un tanto crueles con el Eutidemo.

    Sin necesidad de mayores esfuerzos para justificar su inclusin en el corpus

    platonicum porque slo muy pocos y, entre ellos, el infatigable Von Ast se

    atrevieron en el siglo pasado a dudar de su autenticidad, ha conservado desde

    la tarda antigedad un placentero y casi inofensivo lugar junto a otras obras

    reconocidas como superiores, tales como el Protgoras, el Gorgias y el Menn. A

    excepcin de un filsofo epicreo, Colotes de Lmpsaco, que, all por el siglo ni a.

    C., perturb la tranquilidad del dilogo atacndolo en un escrito, ha gozado

    siempre ste de una relativa indiferencia por parte de crticos y lectores de todos

    los tiempos.

    Pero lo curioso de tal destino radica en que, si bien no hay obra alguna de Platn

    frente a la cual resulte posible permanecer indiferente, es el Eutidemo uno de

    aquellos dilogos ms inquietos y mordaces, que encierra una vehemencia que

    hasta puede calificarse, por momentos, de volcnica.

    Su factura, como su propsito, no guardan secretos. Son casi simples y

    manifiestos. El dilogo se abre y cierra con una conversacin de Critn con

    Scrates. En el medio, como si estuviese cuidadosamente depositado dentro de

    una cpsula para contener su estallido, figura el ncleo del dilogo: el relato que

    Scrates hace de las discusiones mantenidas el da anterior con dos renombrados

    sofistas extranjeros Eutidemo y Dionisodoro, en los recintos del Liceo. En el

    vestuario, para ser ms precisos. El escenario, pues, no es otro que el del Lisis. Y

    Critn, que haba estado all presente, no logr escucharlas.

    El propsito declarado del dilogo lo pone Platn varias veces en boca de

    Scrates a lo largo de la obra: persuadir al joven Clinias el nieto de Alcibades el

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    viejo, que se encontraba con ellos en el lugar, de que es necesario filosofar

    ejercitarse en el saber y ocuparse de la virtud (aret). Lo que persigue

    fundamentalmente es exhibir cmo lo alcanzan los extranjeros, de qu medios se

    valen ellos, cuya celebridad era grande por la eficacia y rapidez de su enseanza,

    y si, en verdad lo logran, o no.

    La narracin se sucede en dos series de secuencias recurrentes, hbilmente

    entrelazadas y con un ritmo gradual de creciente tensin. Entre los tres ensayos

    que practican los sofistas poniendo de manifiesto los mecanismos de su

    enseanza, se intercalan dos exhortaciones al filosofar, esgrimidas con modesta

    irona por Scrates, pero con singular fuerza de conviccin, para hacer evidente la

    diferencia de procedimientos. Mas la intencin de Platn no es slo sa: es la de

    mostrar, tambin, a travs de los ocasionales interlocutores el apuesto Clinias y

    el fogoso Ctesipo, los resultados que pueden alcanzarse por cada una de las

    dos vas.

    Los recursos que despliega Platn en la obra son, como bien han dicho algunos

    estudiosos, efectivamente teatrales. Los personajes poseen contornos

    psicolgicos acabados y las escenas una vitalidad muchas veces notable. sos

    han sido, quiz, los principales factores para subestimar el alcance especulativo

    del dilogo, reducindolo, en su maestra, a una simple pieza de comedia con ribe-

    tes aristofanescos. Es cierto que los dos sofistas llegan a mostrarse demasiado

    caricaturescos y que sus argucias, algunas de dudoso sabor, resultan, sobre todo

    hacia el final de la obra, de un calibre excesivo. Es cierto, tambin, que parecen un

    tanto esquemticas las transformaciones que se operan en Clinias y en Ctesipo,

    por obra de las exhortaciones socrticas y las refutaciones sofsticas respec-

    tivamente. Pero no puede negarse la habilidad del artfice en el cuidado armado

    de las secuencias y en la destreza de articular en un todo dinmico pensamiento y

    accin.

    Porque, naturalmente, no se trata slo de enfrentamientos de personajes. Ellos

    son, en el fondo, mtodos que se oponen y luchan: el de la refutacin erstica, por

    un lado, y el de la dialctica socrtica, por el otro. Ambos difieren de las tcnicas

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    retricas y exigen una sumisin al ejercicio ordenado de la pregunta y la

    respuesta; pero ambos se oponen, en cuanto a sus pretensiones y a los objetivos

    buscados. Mientras uno se jacta de poder ensear la virtud en el menor tiempo, a

    travs de una superficial consistencia verbal que se vale del recurso de la pregun-

    ta, sin ms que una alternativa en la respuesta, el otro carece de urgencias, es

    capaz de deslizarse por encima de los inevitables equvocos con que el uso

    reviste a las palabras capaz de trascender el mero plano lingstico, y aceptar

    las modalidades inevitables de las respuestas. La manera que Platn encontr

    para enfrentar esos mtodos que al inexperto podan parecer afines por su forma

    exterior, al inexperto ilustrado que prejuiciosamente rechaza con mayor violencia a

    uno y contempla con algn deje de displicente resignacin al otro cosa que hace

    el annimo personaje que aparece al final, fue el de insuflarles vida en un

    cuerpo.

    As es, pues, como se enfrentan. El propsito perseguido podr parecer el

    mismo, pero no lo es. Uno apelar a la feroz contienda del pancracio (v. n. 9), y su

    meta no ser otra que la de derribar al adversario; el otro preferir una bsqueda

    conjunta, una suerte de caza que exige perseverancia como auxilio en el acecho.

    La erstica no buscar ms que el triunfo verbal; la dialctica socrtica, en cambio,

    intentar alcanzar un conocimiento: ese conocimiento, precisamente, en el que

    estn reunidos, a la vez, tanto el producir como el saber usar eso que se produce

    (2896).

    Ambos mtodos son recprocamente excluyentes. Platn ha optado por el

    segundo. El dilogo constituye la prueba ms acabada. El primero es artificioso y

    estril: destruye al adversario, pero se destruye tambin a s mismo (v. n. 63). Su

    resultado es nulo. Quien lo asume est condenado a una ronda de repeticiones

    inacabables. El segundo, sencillo y grvido, ofrece por lo menos, conscientemente

    asumido, la posibilidad de una va: ve tras ella ardorosamente y ponte a

    ejercitarla, como dice el proverbio, 't y contigo tus hijos' (307c).

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    Estructura del Dilogo:

    La obra presenta con toda nitidez diversos momentos o secciones que pueden

    disponerse de la siguiente manera:

    1. PRLOGO (271a275c)

    Dilogo inicial entre CRITN y SCRATES.

    II. DESARROLLO (275c3046)

    1. Relato del primer dilogo con los sofistas (275c277c).

    Interlocutores: EUTIDEMO, DIONISODORO, CLINIAS y SCRATES.

    2. Relato de la primera exhortacin socrtica (277d282e). Interlocutores:

    CLINIAS y SCRATES.

    3. Relato del segundo dilogo con los sofistas (283a288d). Interlocutores:

    DIONISODORO, SCRATES, CTESIPO, EUTIDEMO.

    4. Relato de la segunda exhortacin socrtica (288d290e). Interlocutores:

    CLINIAS y SCRATES.

    5. Dilogo central entre CRITN y SCRATES (290e293a).

    6. Relato del tercer dilogo con los sufistas (293b304b).

    Interlocutores: EUTIDEMO, SCRATES, DIONISODORO CTESIPO

    III. EPLOGO (304c307e)

    Dilogo final entre CRITN y SCRATES.

    La secuencia de los relatos de los dilogos con los sofistas no exhibe otro

    progreso que el del mayor nmero de falacias a las que recurren los vanidosos

    sofistas en su afn de triunfar en las discusiones. Bonitz y Gifford han enumerado

    veintiuna, de las cuales el tercer momento contiene algo menos de la mitad. No se

    trata, en todos los casos, de meras argucias verbales. Las hay que encierran im-

    portantes y difciles problemas filosficos: la naturaleza del es predicativo (283d,

    284c), la confusin del significado relativo con el absoluto (293c, 295e), la que

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    concluye en la imposibilidad de contradecir (285e), las que se relacionan con el

    principio lgico de no contradiccin (298c), etc.

    Precisamente, la lucidez que muestra Platn en la exposicin de las falacias, y

    en la naturaleza de las cuestiones involucradas, ha llevado a algunos autores

    como Th. Gomperz en el siglo pasado e I. M. Crombie en el presente a

    sostener, por la vinculacin que tienen con temas filosficos ms extensamente

    desarrollados en Teeteto y Sofista, una datacin posterior de la fecha de com-

    posicin del dilogo.

    Por otro lado, la naturaleza y el nmero de las falacias empleadas, han vinculado

    ya desde la antigedad a este dilogo con las Refutaciones sofsticas de

    Aristteles, don de muchas de ellas aparecen analizadas. En verdad, como dice

    G. Ryle, Platn trata dramticamente en el Eutidemo lo que, despus, Aristteles

    examina cientficamente en sus Refutaciones. Y es tan llamativa la relacin entre

    ambas obras en este aspecto, que hasta un autor del siglo pasado Karl

    Lddecke lleg a sostenernegando, como Von Ast, autenticidad al dilogo

    que el Eutidemo no era ms que una compilacin realizada por un aristotlico de

    los ejemplos que aparecen en las Refutaciones sofsticas. Con lo cual quiso,

    seguramente, tirar por tierra la apreciacin famosa de V. Cousin: l'ouvrage

    d'Aristote intitul De la Rfutation des sophismes n'est pas autre chose que

    l'Euthydme rduit en formules gnrales.

    La secuencia de los dos protrpticos socrticos